Hace varias semanas que no publico nada en mi blog personal. Tengo material en video, y temas para hacerlo, sin embargo por ciertas situaciones que me afectan emocionalmente, he sentido bloqueo para escribir. Así es como caigo en cuenta que soy una persona que funciona según sensaciones y sentimientos. Es por eso que debido a un bajón emocional al se sumó un poco la enfermedad que tuve después del Campus Party, apenas ahora logro sacar fuerzas para seguir haciendo presencia.
Hay dos temas a los que quiero referirme: el Campus Party y las dos entradas que publicó nuestra valiosa poeta y autora Camela bajo el título “La situación empeora en la Comuna 13 de Medellín” I y II.
Comenzaré por el articulo de Camela dado que soy habitante de unos de los barrios de dicha comuna. Casualmente la semana pasada cumplí tres años de estar viviendo allí y de haber llegado a esta hermosa ciudad. Arribé como muchos de los que provienen de las pequeñas ciudades: buscando oportunidades y una calidad de vida mejor.
Recién llegado no sabía que San Javier, el barrio en que habitaba, pertenecía a la Comuna 13. Cuando lo supe me alarmé, influenciado por las referencias que tenia del territorio a través de las noticias. Sin embargo pasaron los días y me di cuenta que la realidad era un poco diferente.
Algo que me producía curiosidad era la presencia visible de la fuerza pública, de ahí fue que me entere que vivía en “la 13″.
Han pasado tres años desde ese momento y todas las historias que me ha contado otras personas sobre el pasado conflicto; las muertes y desapariciones de muchos habitantes del barrio; que me parecieron inauditas cuando me fueron narradas en su momento; han comenzado a tomar forma; y a convertirse en una realidad para mi.
De un tiempo para acá, comencé a escuchar en las noches, sonidos de ráfagas de fusil (cosa que jamás había escuchado en mi vida, salvo en películas o en imágenes en las noticias de enfrentamientos entre el ejercito y la guerrilla). Me tiene por tanto muy alarmado sentir en carne propia que vivo en uno de los lugares donde regresa y se recrudece la violencia. Cada noche son más constante esos sonidos y ya han comenzado a escucharse en el día.
”Se nos vino otra guerra sin haber hecho un duelo por aquellos que cayeeron en la anterior” pensé una noche.
El tema del día, entre la comunidad es: “Que en el barrio Socorro, en el Antonio Nariño o en el Salado mataron a tantos”. Me lo cuentan la vecina, el panadero, el vendedor de minutos y hasta el vigilante.
La semana pasada en unas de mis visitas habituales a un Café internet me enteré que asesinaron a un vigilante y a dos chicos en San Javier. cerca a la estación de El Metro, a plena luz del día. Y la gente llega a comentarlo como si se tratara de cualquier cosa común y corriente.
Esa paz que gocé antes, que hizo que comenzara a identificarme y a experimentar sentido de pertenencia por San Javier, ha ido desapareciendo. Cada día que despierto y salgo a la calle voy con la incertidumbre de la aparición de balas que puedan provenir del lado derecho o izquierdo del conflicto. Balas malditas, que hieden a terror, coca y poder armado.
Yo quiero saber donde quedó aquel lema que vi hace tres años en un video institucional realizado por la Alcaldía de Medellín que decía:” Hemos pasado del miedo a la esperanza”.
Y me pregunto: ¿Que esperanza puede haber cuando este conflicto en las comunas tiene más de 20 años, gracias al narcotráfico? ¿Qué esperanza puede haber cuando mucha gente aún espera reparación, cuando ni siquiera se ha realizado un duelo por aquellos de la guerra anterior?
Son muchas preguntas, quizás nosotros los mismos habitantes podríamos encontrar las respuesta, o muchos la sabremos ya. Pero ¿que se puede hacer cuando en este Estado aún impera la ley del plomo?
Por mi parte sigo caminando por estas calles solitario, quizás esperando como lo hacía Fernando Vallejo cuando vivía en esta ciudad, que balas perdidas provenientes del lado derecho o izquierdo aparezcan.